Inclusive, por último, elevé la solicitud y monté esta documentación en esta plataforma con la intermediación de una funcionaria que esta secretaría coloca en la ventanilla del 3.er piso para atender expresamente este servicio de solicitud de cesantías.
Si la comodidad, en este caso, es entendida como valorar todo segundo que puedas ganar y descontar, no se considera la autonomía que podrías perder en comparación con la entrega de la documentación en físico sin intermediación de la plataforma digital, como se hacía anteriormente.
Querer hacer un trámite desde casa es perfectamente razonable y no estoy en desacuerdo con eso; por supuesto, yo los hago. Pero dejar de preguntarnos por qué el trámite funciona o no es una pregunta que puede salirnos cara.
La tecnología merece una discusión a su altura con maestros y ciudadanos capaces de exigir condiciones. Hay que formarse, hay que saber qué están haciendo con nuestros recursos y nuestras vidas. No quiero que la única respuesta disponible ante una infraestructura esencial para algunos trámites sea aceptar sus condiciones y resignarse a quedar apartado de un derecho cuando, por razones de uso o adecuación técnica, algo no se cumple.
Esto no es como aceptar las cláusulas de Facebook. El progreso también tiene que mejorar la posición de quien reclama sus beneficios, ¿o no?
Las exigencias aquí deberían ser muy concretas: crear otras alternativas utilizables, auditorías que permitan comprobar la optimización, privacidad, límites a nuevas verificaciones y responsables que respondan de los errores. Yo les pido todo eso esclarecido a la secretaría y a la administración.
La calidad del instrumento se comprueba comparando costes, tiempos, resultados. La privacidad se comprueba buscando vía de correlación y verificando cuándo y por qué se están bloqueando. La calidad de la atención del maestro y del ciudadano se comprueba cuando algo falla. Hay que medir todo eso con la misma dedicación que se cuentan los usos de la plataforma para subir los datos. Una cifra de la adopción del medio o la aplicación puede subir mientras la capacidad de elegir alternativas se encoge. Mucha gente puede utilizar la herramienta, pero queda poco ahí para el horizonte de despliegue de la comprensión de lo que antes de su aplicación se hacía o era.
Después llegarán otras pruebas con nuevas herramientas, otras fases con sus propios plazos, y esa secuencia también merecerá vigilancia atenta y democrática continua, cosa de la que en nuestro medio cada vez hay menos. Me niego a esperar a que la costumbre cierre una discusión que los maestros y ciudadanos apenas hemos abierto.
La comodidad es una razón para utilizar una herramienta, pero no basta para entregar a todas las administraciones la autoridad de definir cada vez más condiciones de nuestra vida, porque no se van a quedar con las que están ya definidas. Pero, si se promete optimización y control al maestro y al ciudadano, también hay que garantizarles su capacidad de rechazarlos, corregirlos o salirse de ellos.
En este caso, puedo usar esa plataforma digital porque me sirve y seguir viviendo dignamente (haciendo libre y confiadamente mis trámites) si decido prescindir de ella. No quiero que sus fallos técnicos o de auditoría me conviertan en un excluido o marginado, que una negativa me vuelva invisible ni que mi acceso a un servicio dependa de encontrar el equipo (teléfono, servidor o PC) perfecto, la conexión perfecta y la respuesta correcta de un sistema remoto o a él. ¿Es esto pedir mucho?
Sé que eso requiere decisiones políticas, recursos, límites. Lo que vemos aquí es que no podemos llegar a ese cambio tecnológico, de trámites e identitario tan enorme sin haberlo discutido, sin haberlo (agotado) votado, sin que nuestros administradores y dirigentes sindicales sepan siquiera que esto está pasando, pendientes de lo fácil que será tramitarnos e identificarnos y distraídos de quién decidirá cuántos, cuándo y cómo lo deberemos hacer. Un trámite menos, un clic y una fila menos, una molestia menos: sí se puede aceptar una dependencia por acumulación de alivios y, cuando por fin aparezca un problema, lo que ayer era una ayuda ya se ha vuelto obligatorio e imprescindible.
Hay que despertar antes de ese momento. Nuestra relación con el trabajo y con la vida, con el dinero y con la administración merece algo más que pulsar, aceptar y seguir como si nada. Nadie ha diseñado estos instrumentos digitales supuestamente para desmejorarnos, ¿cierto? Pero a casi todos los que nos dirigen a los ciudadanos y maestros les conviene que los aceptemos sin preguntar. A los gobiernos del color que sean, porque una ventanilla que ya no atiende a nadie sale más barata. Y por eso una disposición, un acuerdo o un decreto de este tipo se tramitan por la vía urgente con la justificación de la optimización operativa y el mejoramiento del servicio, sin espacio para que los ciudadanos o maestros puedan opinar.
El coste de todo esto no lo pagan los administradores, sino los ciudadanos o maestros con horas de sus vidas cuando el sistema falla o no te aprueba un servicio o un trámite, con un dato cada vez más complicado de conseguir o de subir a la plataforma cuando aparece una herramienta nueva y con lo más caro de todo: la posibilidad de decir que no la utilizas sin que te castiguen. Yo, por mi parte, solo usaré lo que me sirva, pero no voy a pedir permiso para preguntar, ni voy a esperar a que me lo expliquen cuando ya no haya marcha atrás.
Es momento de exigirlo ahora, mientras todavía es viable mejorarlo, con alternativas reales, auditorías y un responsable con nombres y apellidos al otro lado. Que la comodidad y el ahorro de tiempo los elijamos nosotros; que no nos los impongan, porque esto siempre lleva un pago en negación de derechos y servicios.
Y porque quien no puede decir que no a un instrumento ya no es un usuario, maestro o ciudadano: se ha convertido en un paria del sistema. Como un maestro o ciudadano sin autoridad al que solo se controla o se embruja.
Jorge Alberto Valencia Giraldo
Mg. en Ciencias Políticas
Maestro de la Institución Educativa
Joaquín Vallejo Arbeláez
Medellín, Colombia