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Arbey asegura que su clarinete es el rey con el que regala melodías de su pacífico al mundo

En Condoto la música hizo de las suyas con Arbey Mosquera Torres, tanto es así, que el sueño que siempre tuvo este docente de lengua extranjera, fue aprender a tocar un instrumento para hacer parte de la chirimía de su municipio, y poder participar en las fiestas patronales de esta población chocoana.

Arbey es licenciado en inglés y francés de la Universidad del Chocó y actualmente docente de la Institución Educativa Avelino Saldarriaga, de Itagüí; pero su sueño siempre fue el de convertirse en músico, lastimosamente en su departamento no encontró esta carrera y su mente lo llevó a interpretar profesionalmente otras lenguas. “Para aquella época conté con el infortunio de que no había la carrera de música en la universidad, entonces me tocó acercarme a otra carrera, pero inicialmente esa era mi expectativa, convertirme en músico y servir al folclor de mi comunidad, el folclore del Chocó, a la Chirimía”, asegura el profesor.

En la música, Arbey ajusta 30 años de experiencia desde sus primeros pasos musicales en el pacífico colombiano y en la docencia, ya son más de 15 dictando clases en instituciones públicas. Y es por eso que él no duda en aseverar que la música es la herramienta que lo ha acompañado desde la escuela, “desde que estaba en noveno u octavo grado en mi colegio Luis Lozano Cipión de Condoto, desde ahí comencé a cultivar esa pasión por la música, a interesarme por el folclore”, añade.

Y sí, estando allí, viendo y siguiendo los pasos del maestro Iber, quien para esa época interpretaba el clarinete, y del maestro Martín Villa que lideraba la agrupación de chirimía del colegio, fue que Arbey, no tuvo otro camino, sino la música y el clarinete, “porque el clarinete es el instrumento más representativo de la chirimía”, aclara y sigue contando que, “el clarinete y sus melodías son en la chirimía, como el rey. Sobresale, es el que lleva la batuta, entonces eso a mí me cautivó desde que acompañaba los recorridos, las comparsas y las fiestas patronales con la Chirimía”, recalca.

El profe Arbey, asegura que se dedicó al clarinete porque lo considera un instrumento bonito y está dentro de la Chirimía, que es la música representativa del chocó. Arbey Mosquera le ha regalado 30 años de su vida, a su pasión, la música, porque él mismo reconoce que, además, esta “apareció en un entorno donde ocurrían eventos de violencia, donde uno estaba sometido a diferentes vejámenes, la música nos acompañaba de niños, de jóvenes, de adolescentes en nuestro proceso de manejo de emociones. La música era esa compañía, ese complemento para uno ir forjando futuro, para uno ir sobrellevando las diferentes situaciones para uno emprender sus proyectos, sus luchas”.

Y la música sin duda, es la esencia del pacífico colombiano, los sonidos transmiten o reflejan los sentimientos de sus pobladores, independiente de cuáles sean las circunstancias. En cada pueblo del Chocó hay muchas raíces y se forman muchos grupos, por ello, Arbey siempre estuvo contagiado del sabor de Bamba Negra, pero a su vez recuerda también al maestro Carlos Ibarguen y su capacidad y conocimiento con el saxofón, por eso atina a decir que la tuvo difícil, “yo tenía dos instrumentos y tenía que escoger entre el saxo y el clarinete y terminé enamorado de la dulzura de este último, porque con sus melodías, se va dibujando parte de la historia de mi pacífico”, expresa.

Y fue en el camino que Arbey adquirió conocimiento y amor por la música, pues no fue solo uin capricho de la chirimía de su pueblo, sino que también en su etapa universitaria en Quibdó, contó con la compañía y apoyo del maestro Cecilio Lozano, hermano del director Alexis Lozano, “tuve en él a un gran maestro que me condujo en el reconocimiento armónico y con él pude mejorar muchísimo”, añade.

Debido ya a su gran capacidad armónica y amor por sus sonidos, el profe Arbey tuvo la oportunidad de compartir junto Bamba Negra y Raíces, ambas agrupaciones de Condoto, con las que participó del Festival de Música del Pacífico. Pero en Quibdó también hizo parte de Ritmoson, logrando ganar el anterior Festival. En Medellín, su clarinete se ha unido a los sonidos de Son Batá, Batá Orquesta, Son Chiribanda, Los Reyes de la Chirimía y en Itagüí con la agrupación Son Profes. 

“Una gran expectativa que teníamos desde jóvenes, era participar del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez en Cali. Era algo para lo que nos preparábamos, para lo que ensayábamos constantemente, por lo que soñábamos, entonces, también se nos hizo realidad participar ahí en múltiples ocasiones e incluso ganarlo y quedar de segundo. Porque hay que decir que también teníamos como referente un grupo de Condoto, que solía ganar o quedar en instancias finales de este festival, así que era parte de nuestro anhelo y son anhelos cumplidos, hasta casi convertirnos en embajadores de la música del Pacífico en diferentes lugares y diferentes ciudades”, expresa con total satisfacción.

El profe asegura que la música se lee, se escribe, se interpreta y eso tal cual le sucede con los idiomas. “Yo he logrado utilizar el currículo expandido y el currículo oculto, implícito para poder poner la música en el escenario educativo. En todas las instituciones donde he enseñado, he podido participar de agrupaciones musicales, crear agrupaciones musicales, llevar la música como una forma de motivación para que los estudiantes exploren sus emociones, exploren proyectos y lo tengan como una posibilidad de vida. Entonces, siempre nos hemos unido con otros docentes y estudiantes para crear orquesta y así mantener siempre la música viva en las instituciones como una posibilidad”, precisa.

Pero es que los sueños son para cumplirlos y aunque no se den siempre como uno los ha planeado, la vida le va mostrando las formas y los contextos en que pueden llegar. La música lleva tres décadas en su vida y el no haber salido de un conservatorio, no ha sido impedimento para lograr los objetivos con su clarinete. Por eso en la memoria del profe Arbey está, no solo el hacer parte de varios grupos, sino de participar en grandes eventos como solista, y él en su mente tiene el recuerdo de uno muy especial en su vida. “Participé como invitado de Jackson Mosquera que había participado en el Factor X. Él fue invitado por Carlos Vives y Carlos Vives había invitado a la maestra Teresita Gómez. Yo recuerdo que participé de ese evento. Estar con la maestra Teresita fue uno de los momentos mágicos porque tengo gran admiración por ella por lo que ha sido su historia y por lo que ella ha forjado a nivel musical en el mundo”, cuenta con una felicidad inmensa.

Sin embargo, hay más sueños en su vida, uno de ellos y que el profe espera que se le realice, es el de ver que las instituciones puedan recobrar la cátedra de música, que la incorporaran dentro del currículo nuevamente y ser parte del ejercicio de reconstrucción de la música en los colegios.

Además, quiere participar con su agrupación Bata Orquesta, en diferentes eventos fuera del país, llevar el folclor y la música colombiana, la música del Pacífico, a otros lugares y “poner a la gente a vibrar con nuestra música y la interpretación de nuestro clarinete”.

Aunque ser músico profesional era el gran sueño del profe Arbey, como lo relata, “yo quería convertirme en músico y dedicarme a la música. No solo porque me hacía sentir bien y me permitía manejar mejor mis emociones, yo me transportaba cuando tenía el instrumento en mano, sino también porque veía allí una posibilidad de crecer con la música, de vivir de la música”, él sabe que nunca ha dejado el instrumento y que ha logrado combinarlo con la interpretación de lenguas extranjeras, que son sus dos pasiones y sueños cumplidos.

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El Liceo de Puerto Nare, una historia tejida con pasión y amor

Una luna de miel permitió que avanzara la educación en Puerto Nare. Sin recursos, pero, llenos de vocación por la docencia, dos personas se empeñaron por brindarle a esta población hace 61 años, la posibilidad de tener un espacio físico donde seguir educando a sus niños y jóvenes, para ese entonces, solo había hasta tercero de primaria.

Para noviembre de 1963, y a La Magdalena sin ser aun municipio, llegaron Enrique Díez Rojas y Lidia Garcés García, como una pareja recién casada a pasar unos días de descanso, pero lo que nunca imaginaron, es que pasarían allí no solo una luna de miel, sino algunos años de su vida marital. Esa estadía se convirtió en un regalo maravilloso para los habitantes de esta población a orillas del río Magdalena, pues su permanencia en el territorio, les dio para liderar de forma altruista, la fundación del colegio de esta localidad.

Cuando la pareja llegó a la población ribereña del magdalena medio colombiano, se desarrollaba en ese momento una campaña denominada Promunicipio, en la que ellos decidieron participar e involucrarse hasta alcanzar el propósito comunal de los habitantes.

Sin embargo, antes de dicho acontecimiento y de que La Magdalena obtuviera bajo ordenanza la categoría de municipio, Enrique y Lidia, les entregaron a los habitantes de esta población de tres calles y unas cuántas viviendas, el colegio municipal de educación, al que llamaron Carlos Arturo Duque Ramírez, en homenaje y memoria al sacerdote nacido allí, que había fallecido en diciembre de 1963, en un accidente de tránsito en la ciudad de Medellín.

La campaña Promunicipio, también buscaba dentro de sus objetivos, la consecución de un espacio físico para la enseñanza y el aprendizaje, fundando un colegio en el territorio, lucha a la cual y tristemente no se unió el sacerdote Gildardo Rivera, quien venía desilusionado del municipio de Puerto Boyacá, donde participó en un proceso similar, sin recibir el apoyo necesario. 

Enrique Díez y Lidia Garcés, eran para ese momento, docentes en el municipio de La Estrella, pero el sueño que fueron montando en Puerto Nare y que lograron convertir en una realidad, los enamoró tanto, que decidieron llamar a la institución en la que laboraban para decir que no guardaran más sus plazas, y que dispusieran de ellas, porque ya habían encontrado una tarea más importante que desarrollar en otro lugar, por eso no lo pensaron mucho y decidieron quedarse, y fue así como el 7 de febrero de 1964, fundaron en una casa arrendada con tres habitaciones propiedad del señor Jesús Ramírez para aquella época  y hoy propiedad del señor Nicolás Montoya, con un decreto provisional, el colegio para los lugareños de La Magdalena.

Junto a Lidia, Enrique, quien antes de hacer parte de la orden de los hermanos Lasallistas, llevaba el nombre de Ricardo, abrió por fin las puertas para atender a 45 alumnos en los grados de cuarto y quinto de primaria, quienes antes solo podían cursar hasta tercero, por eso es que don Enrique, fundador del colegio cuenta que, “solo el que tenía modito se podía ir a Puerto Berrío”.

La casa de tres habitaciones que se abrió para que sirviera de espacio educativo, y que además contó con algunos muebles que el señor Enrique Díez compró de segunda en La Estrella y que fueron reparados en La Magdalena, tuvo a Lidia como secretaria y maestra al mismo tiempo, también los acompañó el sacerdote Gildardo Rivera con la catedra de religión, Ricardo estuvo al frente de sociales y otras materias, y además, cumplió las funciones de rector. Junto a ellos estuvieron también los docentes Pablo Espitia y Rosalba Delgado, con los que completaron las materias que enseñaban.

A los tres meses de la apertura de la escuela, llegaron los visitadores de la Secretaría de Educación Departamental, con el propósito de inspeccionar el funcionamiento del centro educativo y al encontrarse con un buen nivel de enseñanza, orden y disciplina, les fue otorgada la licencia de funcionamiento oficial número 64, con una carta de felicitaciones incluida.

Luego de crearse los grados de primero y segundo de bachillerato, se vincularon como docentes, Rodrigo Mejía e Ignacio Conde Castro, este último, se convirtió en el primer profesional que tuvo el municipio de Puerto Nare, titulándose como economista de la Universidad Nacional, sede Medellín.

Con la pensión de 30 pesos que pagaban en aquel momento los estudiantes, se realizaba el pago de la nómina de los profesores, pues el mantenimiento del colegio, corría por cuenta de los padres de familia y de algunas personas de buenos recursos quienes realizaban sus aportes generosos. Los alumnos en su gran mayoría, llevaban los pupitres y sillas que utilizaban.

El colegio en el que también vivían don Enrique y doña Lidia, solo estuvo allí por un periodo de doce meses, pues para el año de 1965, empezó a funcionar en el terreno, donde actualmente se encuentra la Escuela San Luis Beltrán y que pudo iniciar su construcción, gracias a los reinados infantiles que se organizaron y que generaron algunos recursos; así como a las donaciones de habitantes. Los terrenos donde funcionaban las canchas, fueron donados por la Hacienda La Unión ya condicionados por los estudiantes.

El colegio Carlos Arturo Duque Ramírez, cerró sus puertas en noviembre de 1966, por dificultades económicas, pero dejó a la comunidad, con la inquietud sembrada de lo qué sucedería en adelante, pues no era justo perder el centro de enseñanza secundaria. El local y demás implementos, fueron entregados a la parroquia San Luis Beltrán a cargo del sacerdote Gildardo Rivera, quien recibió de don Enrique el sueño educativo de La Magdalena, con 100 alumnos aproximadamente.

Para 1967, La Magdalena ya no contaba con enseñanza secundaria y en 1968 ya siendo municipio del departamento de Antioquia, se creó el Liceo Departamental Integrado La Magdalena, bajo la ordenanza Nº 33 de 1968, iniciando labores al año siguiente con 39 alumnos en primero de bachillerato y otro tanto en el segundo nivel, ubicado en el local donde funcionaba el Rancho Ferretero, teniendo como docentes, directivos y administrativos, a las siguientes personas: Javier Salazar (rector), Aydé Pino (secretaria-profesora), Miguel Palacio, Hugo Blanquiced y Gildardo Rivera (presbítero-profesor).

Desde el año 1971 se continuó con la creación de los otros grados, tercero de bachillerato para ese año, y cuarto en 1974; para 1975 Neftalí Jiménez creó el himno del colegio y el grado quinto de bachillerato llegó en 1977 (en este mismo año, el colegio cambió de sede a su anterior local) y para 1978 se completó la enseñanza con el grado sexto de bachillerato. Así mismo se creó la biblioteca con 560 libros, bajo la dirección de la señora Elvia Patiño de Álvarez, quien estuvo hasta el 2009. También para ese año, el profesor Juan de Dios Yalí Rico, creó el periódico liceísta y se publicó la primera edición con el nombre de Juventud Estudiantil en Marcha, el impreso solo duró un año, hasta el retiro del plantel del docente.

Y en este mismo año, luego de la visita nacional, se aprobó bajo resolución 20401 del 27 de diciembre los estudios secundarios; teniendo su primera graduación con las firmas de la rectora Estella Quiceno y la secretaria Virginia Arroyave en los diplomas de:  Acevedo Enel de Jesús, Bautista Ortiz Hugo, Castrillón Carmona Julio, Conde Castro Julio, Gutiérrez López Flor María, López Villa Flor Enith, Murillo Ramírez Diocelina, Padilla Jesús Enoc, Ramírez Mahecha Luis Alfonso, Ríos Pineda Alquiver, Sepúlveda Escobar Flavio, Vásquez Nohaba Raúl, Vergara Padilla Gladis.

Para 1982 y a través de concurso, se creó la bandera y el escudo del Liceo, resultando como ganador el estudiante Orlando Arenas, hoy destacado maestro de artes.

Bajo el decreto 1382 de 1985, el colegio volvió a obtener su antiguo nombre, pasando de llamarse Liceo departamental La Magdalena a Liceo Departamental Carlos Arturo Duque Ramírez y para el año siguiente, el Liceo empezó sus labores en las instalaciones que ocupa actualmente como local propio, gracias a los aportes hechos por el honorable Concejo Municipal y la Secretaría de educación departamental.

Para el año 2014 en la celebración de los 50 años de vida educativa, la planta estudiantil ascendía a 1300 alumnos, fue sede de la semifinal de las Olimpiadas del Conocimiento y dos de sus estudiantes, para la época, hicieron parte de la Selección Antioquia del Conocimiento, hoy en sus 61 años de labores educativas, el Caradura, como le dicen por el acrónimo que se forma con su nombre, cuenta con un poco más de 500 estudiantes, presentando una deserción por diferentes factores.

De este hecho histórico, ya han transcurrido más de seis décadas y por sus salones han pasado cientos de estudiantes, que han logrado en su camino alcanzar sueños y no dejar de batallar en sus propósitos de ser profesionales.

Fotos: I.E. Carlos Arturo Duque Ramírez

Educación e investigación, el camino pedagógico de los docentes en las instituciones

En Medellín, los procesos de investigación escolar se han convertido en una herramienta esencial dentro de las instituciones educativas públicas. Más allá de la transmisión de conocimientos, los docentes están llamados a fomentar en los estudiantes la curiosidad, el pensamiento crítico y la capacidad de resolver problemas del entorno.

Estos ejercicios, que van desde proyectos de aula hasta semilleros de investigación, buscan acercar a los jóvenes a la realidad de sus comunidades, generando propuestas innovadoras que respondan a necesidades sociales, culturales y ambientales.

Así lo viene desarrollando la Institución Educativa Carlos Vieco Ortiz del barrio San Javier en la Comuna 13 de Medellín, pues a través de encuentros y equipos de investigación, buscan que la educación de su entorno, sea un camino de transformación y crecimiento. Teniendo en cuenta el trabajo que como comunidad educativa realizan con los docentes y estudiantes.

La Institución culminó el Segundo Encuentro de Investigación Escolar en el Centro de Innovación del Maestro en Medellín, Mova, al que denominó “Radiografía docente, sembrando futuros investigadores” y que contó con un grupo de panelistas que centraron su postura en la necesidad de crear más espacios de encuentro y desarrollo entre docentes y estudiantes y en la pertinencia de ir enfocando claramente a los alumnos y a los maestros a no tenerle miedo a las apuestas, el conocimiento y la diversificación de temas e investigaciones.

Para la docente Catherine López, del equipo de investigación de la Institución, “este es un desafío como docentes, pero también es un reto para atraer a los estudiantes y por eso delegamos unos líderes por transición, primaria, secundaria y media y aquí queda claro que nosotros buscamos involucrar toda la comunidad educativa y pues ya logramos institucionalizar una hora semanal para la asesoría y trabajo con nuestros estudiantes; sabemos que no es un trabajo perfecto y que estamos en construcción”.

La investigación debe promoverse de todas las formas en la educación, pues con ella se busca impulsar a los maestros y alumnos para que participen de encuentros, seminarios, talleres y demás, presentando iniciativas que se puedan convertir en procesos organizados de investigación.

“Este encuentro nació en el 2024 como necesidad de invitar a los docentes a la reflexión de nuestra práctica pedagógica y que los procesos investigativos, nacen desde la primera infancia, pues es el momento en el que los niños exploran, descubren, aprenden y construyen nuevo conocimiento”, asegura la docente de la Institución Educativa Carlos Vieco Ortiz, Melisa Piñeros Osorio.

Durante la jornada a la que no asisten solo maestros de esta institución, sino de otros colegios públicos de la ciudad, se desarrollan charlas donde lo protagónico, es la conexión que deben fomentar los docentes con sus estudiantes para que puedan generar procesos investigativos dentro de las aulas y que dejen de ver la investigación, como un enlace con las ciencias, las matemáticas, la física o la química, y se introduzcan en procesos de investigación de carácter social y humano también.

Para el docente y licenciado en filosofía, Jhon Edison, “los espacios de trabajo de investigación son muy gratificantes y reconozco esa labor que vienen haciendo desde las instituciones, porque creo que el componente de educación es un componente necesario e importante para poder desarrollar procesos de mayor impacto. Así mismo, hay que incentivar una pedagogía del asombro, tener el reconocimiento como posibilidades donde yo como docente, mi pasión, mi gusto de poder hablar de eso que me apasiona, me termina conectando con los estudiantes y al final ese es el proceso de la investigación, conectar, explorar el mundo, generar alternativas de solución y todo en el marco de la educación que me parece que en la ciudad de Medellín es una apuesta muy importante que se está haciendo”, precisó.

En estos escenarios, los estudiantes tienen la oportunidad de visibilizar sus trabajos, fortalecer competencias comunicativas y científicas, además de apropiarse de una cultura investigativa desde temprana edad. Para los docentes, este proceso representa un desafío, pues deben combinar la enseñanza tradicional con metodologías activas que motiven a los jóvenes y hagan de la investigación un espacio atractivo.

De otro lado, la licenciada en español y literatura y panelista del segundo encuentro de Investigación Escolar, Mariel Bacca, es necesario que los docentes investigadores piensen cómo articular a toda la comunidad educativa en la investigación escolar. Es claro que se debe preguntar qué y quiénes están comprometidos con el proceso, qué roles y qué responsabilidades se están realizando y también identificar cuáles son las necesidades en pro de esa apuesta por la investigación.

“Es apremiante establecer si los docentes van a trabajar investigación escolar o van a trabajar aprendizaje basado en proyectos, o van a trabajar aprendizaje basado en retos y cómo eso puede ajustarse a las necesidades propias de cada institución educativa, pero también es super apremiante, que los equipos directivos de las instituciones faciliten los espacios para la formación de los docentes y estudiantes en la investigación escolar”, señaló Bacca.

Más allá del ámbito académico, los proyectos de investigación en las escuelas oficiales cumplen un papel transformador en la sociedad. Permiten que los estudiantes se conviertan en actores propositivos dentro de sus barrios, identificando problemas cercanos y proponiendo soluciones creativas y viables. De esta manera, la investigación escolar trasciende los muros de la institución, formando ciudadanos críticos, conscientes y comprometidos con la construcción de una ciudad más incluyente y sostenible.

Panthers es la pasión de la profesora Andrea y asegura que le falta un ratico para soltar este sueño

“No respondo, no sé”, de forma clara la profe Andrea asegura que no sabe cuándo será el momento de retirarse de esa pasión llamada banda en la que está involucrada de forma directa, hace 15 años.

De pequeña, Andrea Edith Pérez se apasionó por las bandas marciales, tanto que, en su época de colegio, tuvo la oportunidad de estar en una de ellas; pero lo que esta licenciada en filosofía nunca se imaginó, era que el destino lo tenía sellado para siempre, al frente de una enorme banda, con reconocimiento, trabajo y talento.

Cuando Andrea llegó como docente a la Institución Educativa de María, en su natal Yarumal, se topó con el sueño casi que, en sus narices, pues la banda de este plantel educativo se la ponían a sus pies. “Yo nunca me imaginé que en mi labor como docente, fuera a estar al frente de un proyecto de estos y es aquí en la institución donde me encuentro con la sorpresa de que ya estaba lista en carpeta para estar junto a dos compañeros más, al frente de la banda”, cuenta, con una voz llena de sorpresa.

Ella misma asegura que en sus planes por más que ame y se apasione con las bandas, y aunque haya estado en el escuadrón de la percusión de una de ellas, tocando tambora y siendo bastonera, su vida estaba destinada a la docencia en el área de la filosofía, “aunque considero que los accidentes no existen, el que yo estudiara filosofía sí lo fue. El universo me necesitaba impartiendo esa área y así fue”, asevera, y deja claro que nunca tuvo en mente ser música o estudiarla, porque sencillamente no cuenta con la habilidad para ello.

Su amor con las bandas, está más enfocado no en los instrumentos, sino en la organización y administración de las mismas, en la creación de nuevas formas o momentos para que nuevas ideas lleguen a estos grupos; es allí donde la profe Andrea, nada como pez en el agua y se enfrenta a los innumerables desafíos que le impone ser la directora general de una banda integrada por 160 personas.

“Por eso mucho de lo que la banda es ahora, han sido ideas mías, y lo he hecho porque igual tengo gran conocimiento en las bandas y que gracias al acompañamiento del instructor musical que tengo, hemos podido hacer realidad y ahí está el resultado”, expresa con satisfacción.

La profesora Andrea llegó en el 2009 y se encontró con una banda convertida en un fenómeno en el municipio y hoy en día, bajo su liderazgo, la banda ya es un fenómeno departamental. Logrando cosas que ella no se imaginaba. “Es que después de que mis compañeros se fueron, fue el profesor Francisco Vásquez, el que le dijo a la rectora que se retiraba, pero que la banda quedaba en las mejores manos”, cuenta; sin embargo, es en este momento donde la profe Andrea debe enfrentarse a tres situaciones, la primera de ellas era dejar caer el proyecto y no superar las expectativas; la segunda situación era mantener el nivel que la banda tenía y la tercera era superar el nivel.

“Tomé el riesgo, asumí el reto y empecé a trabajar con estos chicos conservando el conocimiento musical del instructor que traían, que en mi concepto es el mejor y luego de eso empezamos a hacer un proceso de transformación. Cuando yo llego a la banda, el formato que tenía era una banda musico-marcial, así lo conservé por cinco añitos más y luego vi la necesidad de cambiar o transitar a otro formato diferente”, asegura esta docente que lleva en sus labores académicas, 29 años enseñando.

El cambio que planteó la profesora Andrea, estaba más en su forma de ser, que en seguir los estereotipos, por eso quiso trascender con su banda, al ver que las de Yarumal tenían el mismo formato y las de otros lugares también. “Sentí la necesidad de cambiar, de ser diferente y de buscar llamar la atención desde otra perspectiva y pues funcionó. Hicimos la transición de banda músico marcial a banda tradicional de marcha, tratando de conservar un poquito este formato marcial que se ha venido perdiendo tanto en estos procesos musicales y ha sido todo un éxito”, cuenta con ese tono de mujer que sabe dar la lucha encontrando la victoria.

Justo en ese momento de cambio, a la profe Andrea se le ocurrió que también el nombre debía ser otro, que en la pantera encontrarían el coraje, el valor y la decisión para arriesgarlo todo y fue como decidieron que la banda que había nacido en 1968, debería tener como nombre el de Panthers. “Asumimos esos valores como imagen de la banda y a partir de ahí iniciamos un nuevo proceso. Te cuento que en estos momentos me siento muy feliz con el resultado porque ya no solo la banda es conocida a nivel de la subregión del norte antioqueño o a nivel del departamento, no, pues hemos tenido la oportunidad de estar en diferentes eventos y entonces yo me arriesgué a sacar la banda de Antioquia. El propósito mío era que la conocieran en otros lugares para mostrar lo que tenemos”, cuenta con un orgullo y una pasión, que no parecen tener límite.

Y eso queda demostrado en las horas y tiempo que esta yarumaleña, le dedica a su Banda de Marcha Tradicional Panthers, con la que ensaya todos los sábados desde las 9 de la mañana, hasta las tres de la tarde, con la que ha logrado objetivos claros. La banda que ya se ha ganado un lugar y un respeto, porque durante 57 años ha visto como estudiantes de otras instituciones, llegan en busca de un lugar para pertenecer a ella. Porque en los últimos 15 años, Andrea le imprimió un sello de triunfo y de logros.

“Es un tiempo extra que monetariamente a mí no me reconocen, pero que yo no le veo ningún problema a eso, porque al fin y al cabo pues me gusta y entonces a partir de ahí aprendí que mis sábados no son míos, sino que son de la banda, como también los días de semana en la que tenga alguna presentación”, recalca Andrea y reconoce que el tiempo para su familia es exclusivo de los domingos y los días festivos, que ella es muy hogareña y que su vida social se centra a su pequeño mundo en el que se siente más que tranquila.

Esta banda es una familia, en la que todos son pendientes el uno del otro, en la que todos cuentan como Andrea ha puesto su disciplina a todo motor. Es una familia que se acompaña y se ayuda. Son 160 integrantes que tienen claras sus funciones y que todos saben que sin el acompañamiento de Andrea como directora, organizadora y administradora, esta banda no funcionaría.

Así se lo dejaron claro en el 2024, cuando en un arrebato de esos que le dan al ser humano, decidió tirar la toalla y soltar el proceso, pero la nostalgia de sus muchachos, la doblegaron. “Te cuento que el año pasado renuncié a la banda, se la entregué a mi rectora y me dio mucha tristeza ver como los muchachos lloraban y me decían, ‘Profe, no nos deje. Profe, si usted se va, esto se acaba’. Y me conmovieron las lágrimas y no fui capaz. Volví, volví, cogí las llaves del proyecto y bueno, vamos a ver hasta dónde soy capaz de llegar”, cuenta esta profe que ha sentido que la falta presupuesto, ha sido una de las situaciones más difíciles, aunque asegura que en ese sentido, el colegio le ha ayudado mucho en la consecución de instrumentos para continuar el proyecto, pero que lo más complejo es conseguir los recursos para el pago del instructor, pero Andrea se resiste a dejar que este sueño de muchos, se termine, sin dar la pelea siempre, por demostrar de lo que son capaces sus integrantes.

Pero también es clara que, “las noches son para mí, para descansar, lo tengo muy claro que lo que es del trabajo es del trabajo, no llevo trabajo para mi casa, entonces en esos tres momentos distribuyo mi tiempo. Esperemos a ver hasta cuándo soy capaz, pero a veces me siento cansada. Yo quisiera ya que un fin de semana completo fuera para mí y hacer muchas cosas, pero a veces cuando me siento y miro digo, pero qué cosas voy a hacer, si voy a terminar haciendo lo mismo”.

La profesora Andrea, estudia actualmente un doctorado en la Universidad de Investigación e Innovación de México, y para lograr este objetivo, ella ha sabido organizar su tiempo y dedicarle el espacio a su formación académica y a su pasión. Andrea Edith Pérez es normalista superior de la Institución Normal La Merced de su municipio y licenciada en filosofía y ciencias religiosas de la Universidad Católica del Norte.

La lectura, el descanso, la tranquilidad, dormir y compartir con su mamá, con quien vive, es lo que le permite compensar el tiempo dedicado a la docencia, el estudio y la dirección de la banda, de la que definitivamente se siente orgullosa.

Quienes conocen la banda desde su formación, han logrado ver el cambio y la transformación que la misma ha tenido desde la llegada de la profe Andrea, con la cual, la banda logró salir del municipio, estuvo en Santa Marta, pero también en un desfile en Bogotá para el 20 de julioy aunque suene paradójico, tuvo que rechazar una invitación a México a un concurso, pues el tema de presupuestos para los viajes, siempre son asumidos por los integrantes y sus familias, con las que la profe Andrea asegura, “han sido un apoyo inmenso tanto para la realización de esas metas y esos sueños que yo me pongo con el proyecto, en la parte financiera, en la parte emocional, en la parte de formación con los estudiantes, estos padres de familia ya no solo permiten que sus chicos hagan parte del proyecto, sino que ellos también acompañan el proceso y me acompañan a diferentes lugares donde yo me voy con los muchachos”.

En la banda hay estudiantes desde los ocho años de edad y exalumnos de 20 y 22 años, que al terminar los estudios, le piden a la profe, que les permita continuar, y ella los acepta, porque sabe que son demasiado valiosos para los que empiezan. La Banda Panthers, ha ganado concursos departamentales y nacionales. Ha podido presentarse en otros departamentos y acudir a espacios donde han sido admirados y aplaudidos.

“Yo tengo que sacar esta banda y la tengo que someter a un concurso de bandas. Uno, para que aprendan. Dos, para que miren qué falencias tenemos y qué podemos corregir y tres, para que esto los motive a ser mejores y poder pensar en una posibilidad de ganar”, cuenta la profe que logró que Panthers, ganara dos veces en el municipio de Cisneros en la categoría mejor protocolo; pero también lo logró a nivel nacional, “pudimos participar en un concurso a nivel nacional y oh, sorpresa para mí, ganamos en muchos aspectos y fuimos consideradas la mejor banda del evento. Eso fue en el 2022 y dije, bueno, misión cumplida”.

La profe Andrea tiene como sueños aun, presentarse en la Feria de Manizales el próximo año y hacer parte del Desfile de Silleteros en la Feria de las Flores. “Nosotros ya estuvimos una vez en el de silleteritos, tuvimos la fortuna de abrir el desfile y nos fue muy bien, nos admiraron mucho, pero yo quiero estar es en silleteros, en ese evento. ¿Cuál es el propósito mío? Que a la banda la conozcan, que miren lo qué hacemos a nivel nacional, que salgan por todas las pantallas, que hablen de ella, porque de verdad que es un fenómeno y lo que hacemos es bonito y gusta. Y yo sé que los chicos me acompañan en ese propósito. Ellos son felices haciendo lo que hacen y mostrando lo que saben hacer por su municipio, donde nos quieren demasiado”., cuenta con esas ganas de seguir triunfando.

Como una mamá con autoridad, ha guiado la profesora Andrea, a sus 160 “hijos”, con las cuales ha tenido satisfacciones y aprendizajes, a los que les dedica tiempo y con los que sueña muchas cosas. Por eso con firmeza asegura que el tiempo de su jubilación está a ocho años de alcanzarse, pero que el de “decidir si me voy o continuo, esa decisión todavía no la tengo en mis manos. Vamos a ver hasta dónde aguanta el cuerpo, la voluntad y las ganas. Eso depende mucho de la pasión con la que trabajo en este proyecto, porque te lo juro que trabajo es de corazón. Si fuera por dinero, créeme que no estaría aquí porque yo no recibo ningún incentivo económico, pero es más por pasión. Si es por pasión, yo creo que todavía me falta un ratico acompañando este proyecto”.

Fotos: Profesora Andrea Edith Pérez